Una nueva investigación publicada en el Journal of Affective Disorders indica que la intensidad de los momentos espirituales o místicos experimentados durante el tratamiento con ibogaína puede predecir la recuperación de síntomas de trauma en personal militar. Los soldados que reportaron sentimientos profundos de unidad y sacralidad mientras recibían el compuesto mostraron un alivio sostenido del trastorno de estrés postraumático (TEPT).
La búsqueda de tratamientos efectivos para veteranos con TEPT y lesiones cerebrales traumáticas, a menudo resistentes a terapias farmacéuticas estándar, ha impulsado la exploración de sustancias naturales. La ibogaína, un compuesto psicoactivo derivado de la corteza de la raíz del arbusto africano *Tabernanthe iboga*, ha ganado atención por su potencial psiquiátrico, induciendo un estado onírico donde los usuarios revisan recuerdos.
Un equipo liderado por Randi E. Brown de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford investigó si la cualidad subjetiva de la experiencia con ibogaína era clave para el cambio terapéutico. Los investigadores hipotetizaron que una "experiencia mística", definida por la sensación de unidad universal y trascendencia, impulsaría los resultados clínicos positivos.
El estudio analizó a treinta veteranos de Operaciones Especiales con historial de lesión cerebral traumática y exposición al combate, quienes viajaron a una clínica en México para recibir el tratamiento, dado que la ibogaína no está aprobada en Estados Unidos. El protocolo incluyó una dosis oral única combinada con sulfato de magnesio para protección cardíaca, mientras los participantes permanecían en reposo con antifaces.
Los resultados mostraron una clara asociación estadística: los veteranos que reportaron experiencias místicas más intensas, medidas con el Cuestionario de Experiencias Místicas, exhibieron reducciones mayores en la severidad del TEPT, una tendencia que se mantuvo un mes después. Estas puntuaciones también se correlacionaron con mejoras en ansiedad y depresión.
Además de los cambios psicológicos, el análisis fisiológico mediante electroencefalografía (EEG) reveló una desaceleración de la frecuencia alfa pico un mes después del tratamiento en aquellos con experiencias más profundas. Esta reducción sugiere un alejamiento del estado de hiperactivación característico del TEPT, implicando una adaptación neural duradera.
Los autores reconocen limitaciones importantes, incluyendo un diseño abierto sin grupo de control con placebo y una muestra pequeña y homogénea (solo hombres de operaciones especiales). A pesar de esto, el estudio establece una base sólida, sugiriendo que el aparente "reinicio" cerebral inducido por la experiencia subjetiva podría ser un mecanismo terapéutico clave para el trauma complejo.