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Internacional

La política exterior de Trump: ¿puede la teoría del 'loco' reconfigurar Oriente Medio?

El presidente Trump emplea una estrategia de amenazas militares calibradas y acciones sorpresivas, como el ataque a sitios nucleares iraníes en 2025, buscando concesiones a corto plazo sin incurrir en conflictos prolongados. Este enfoque, conocido como la teoría del 'loco', se enfrenta ahora a su prueba más dura con Irán, que percibe las demandas como una amenaza existencial.

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US Threat Posturing Against Iran Tests Limits of Trump's 'Madman' Foreign Policy
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El presidente Donald Trump está intensificando las amenazas militares contra Irán, respaldadas por el despliegue de activos navales significativos, incluyendo un portaaviones, buscando forzar un acuerdo que limite el programa nuclear y balístico iraní. Esta táctica se alinea con su doctrina de política exterior, caracterizada por la coerción y la disposición a ejecutar acciones militares limitadas, como se observó con el asesinato del general Qassem Soleimani en 2020, según reporta Al Jazeera.

Esta estrategia, que algunos analistas denominan la teoría del 'loco' —acuñada originalmente por Richard Nixon—, busca que los adversarios duden sobre la racionalidad de las respuestas estadounidenses y los límites de la escalada. Trump busca obtener 'victorias' rápidas que debiliten a los rivales regionales, mientras evita el tipo de compromisos militares extensos que criticó tras la guerra de Irak de 2003.

En otros frentes, la aplicación de esta política varía según el objetivo. En Irak, Trump ha amenazado con retirar el apoyo económico si el político proiraní Nouri al-Maliki asume la jefatura de gobierno, prefiriendo al actual primer ministro, Mohammed Shia al-Sudani, considerado menos cercano a Teherán. Esta presión se basa en consecuencias económicas, lo que reduce la percepción de agresión directa a la soberanía iraquí.

En Siria, la política parece inclinarse hacia una retirada gradual, enfocada en contener a ISIS y proteger a Israel, mientras abandona a las Fuerzas Democráticas Sirias. Trump parece encontrar un socio viable en el presidente Ahmed al-Sharaa, con el respaldo tácito de potencias del Golfo como Arabia Saudita, permitiendo a Washington reducir su implicación directa.

No obstante, los objetivos en Líbano y Gaza presentan mayores complejidades, ya que exigen el desarme total de grupos como Hezbolá y Hamás, a pesar del apoyo estadounidense a Israel en los recientes conflictos. Para estos grupos, el desarme es visto como una capitulación existencial, lo que complica la consecución de las metas estadounidenses.

La República Islámica de Irán, basándose en experiencias previas con la administración Trump, parece escéptica ante las ofertas de negociación, interpretando las concesiones pasadas como una invitación a una mayor presión. Elementos dentro del gobierno iraní perciben que su supervivencia está en juego, lo que podría llevar a una intransigencia total.

El análisis sugiere que la política de intimidación militar funciona mejor cuando las concesiones requeridas son moderadas y aceptables para ambas partes, como en el caso iraquí. Sin embargo, cuando las demandas tocan la identidad o la seguridad existencial de un Estado o actor no estatal, como Irán, Hezbolá o Hamás, el riesgo de un estancamiento o ruptura se incrementa significativamente.

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