La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, ha emitido una seria advertencia a Bruselas, instando a una acción urgente para robustecer las capacidades de defensa europeas y hacer a la OTAN "más europea" para preservar su solidez. Kallas argumentó que la relación transatlántica ha sido sacudida en sus cimientos, afirmando que ninguna gran potencia ha logrado "externalizar su supervivencia y sobrevivir".
Aunque reiteró que Estados Unidos seguirá siendo un socio esencial, la percepción de que Washington ya no considera a Europa como su centro de gravedad primario, un cambio que Kallas considera estructural y no temporal, obliga al continente a modificar su cultura de acción, pasando de una mentalidad puramente nacional a una cooperación comunitaria efectiva.
Las declaraciones se producen tras un periodo de fricciones, incluyendo la amenaza del expresidente Donald Trump de adquirir Groenlandia, un territorio danés semiautónomo, lo que evidenció un "cambio tectónico" en las dinámicas bilaterales. El ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, ya había reaccionado a comentarios previos, insistiendo en que los europeos "pueden y deben tomar el control de su seguridad", enfatizando el rol de un "pilar europeo" dentro de la Alianza Atlántica.
Kallas subrayó la responsabilidad especial de las 23 naciones que son miembros tanto de la UE como de la OTAN para sincronizar sus esfuerzos. Este llamado a la autonomía estratégica resuena con las visiones expresadas por otros líderes, como el Comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, quien describió a Europa como un "gigante dormido" que debe despertar rápidamente para construir su independencia militar sin excusas.
El contexto de guerra en Ucrania, que ha provocado la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN frente a una Rusia cada vez más beligerante, añade urgencia al debate sobre la capacidad de autodefensa europea. No obstante, la perspectiva de una defensa totalmente independiente, sin el paraguas nuclear estadounidense, es vista con escepticismo por otros líderes de la OTAN, como el secretario general saliente Mark Rutte, quien señaló que requeriría un gasto del 10% del PIB y el desarrollo de capacidades atómicas propias.
La necesidad de una mayor integración defensiva europea se consolida como un imperativo geopolítico, buscando equilibrar la dependencia histórica de Washington con la realidad de un orden mundial multipolar en rápida evolución. (Fuente: Adaptación de reportes internacionales)