El ministro de Asuntos Exteriores de Irán se encontraba en Turquía el treinta de enero, fecha en la que Ankara lideraba una iniciativa diplomática para mediar entre Teherán y Washington, luego de que el presidente estadounidense moderara las amenazas de una acción militar inminente contra la república islámica.
El estancamiento en las relaciones bilaterales ha generado llamados a la diplomacia desde actores clave en la región y aliados de los países rivales, buscando evitar una escalada mayor en el Medio Oriente.
Según reportes, la mediación turca busca crear un canal de comunicación estable, aprovechando la relación que Ankara mantiene con ambas capitales, a pesar de las profundas divergencias estratégicas entre ellas.
Analistas señalan que el margen de maniobra para Washington y Teherán es limitado en el corto plazo, dado el endurecimiento de las posturas internas en ambos países respecto a temas nucleares y de seguridad regional.
Las tensiones recientes, exacerbadas por incidentes en el Estrecho de Ormuz y el programa de misiles iraní, han puesto en alerta a los mercados energéticos globales, dada la importancia de la región para el suministro mundial de crudo.
La Casa Blanca ha mantenido una política de máxima presión económica, mientras que Irán ha respondido con medidas que desafían las sanciones, manteniendo un delicado equilibrio al borde de la confrontación directa.
El éxito de los esfuerzos diplomáticos turcos será crucial para estabilizar la seguridad regional y prevenir un impacto económico adverso que podría surgir de un conflicto abierto entre las dos potencias.